Ignacio Domeyko, el precursor de la investigación minera en Chile

Corría el año 1832 cuando luego de terminadas las guerras de la independencia chilena, el país tenía que organizarse, por lo que fue elegido como intendente en la zona de Coquimbo el general José Santiago Aldunate.

Según cuenta un texto aparecido en los anales de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas del año 1944, gracias a los nuevos mercados abiertos en Inglaterra y a las mayores facilidades de transporte marítimo, la industria minera de la provincia de Coquimbo había alcanzado un estado floreciente, pero se hacía sentir la necesidad de técnicos para la minería, lo cual impulsó al Intendente Aldunate a implantar la enseñanza correspondiente en el Liceo de Serena.

Aprovechando el viaje a Europa del próspero industrial minero de la región, Carlos Lambert, dueño de la fundición de su nombre, se le comisionó para que contratara un profesor y comprara libros y material para la enseñanza.

Ignacio Domeyko fue contratado en París para este objeto, pero al llegar a hacerse cargo de su puesto encontró que el Intendente había sido cambiado, y que, tanto el ministro de Instrucción de la época como el nuevo Intendente de la Provincia consideraban que esta enseñanza estaba de más porque los chilenos desde que nacían “eran guerreros y mineros, para lo cual no necesitaban lecciones”.

Sin embargo, ambos tuvieron el acierto de dar completa libertad de acción a Domeyko, el cual comenzó a enseñar ciencias nuevas sobre las cuales había una gran ignorancia y desconocimiento en el público.

Domeyko con gran entusiamo y empeño, se dedicó a preparar sus clases, y atendió personalmente la construcción del edificio del Laboratorio y la instalación del mismo.

Al mismo tiempo se juntaba con apoderados para generar sobre los nuevos estudios que iniciaría, con cursos de Física y Química, Metales, Minerales, Análisis Químico, Mineralogía, explotación de minas y mensura entre otros.

Hacía que sus alumnos ensayaran los minerales útiles y accesorios de las minas de la región, y luego los que aparecían en las muestras que recolectaba en sus excursiones a puntos más distantes.

En dos años de estudio logró formar así un grupo de catorce alumnos que, puede decirse, fueron los primeros ingenieros de Minas que se formaron en Chile.

Paralelamente con sus labores docentes, Domeyko hacía un intenso trabajo de investigación analíticas de los minerales y materias primas que encontraba en el país.

Como se trataba de especies nuevas en el mundo, le fue preciso en muchos casos desarrollar métodos originales de los cuales deja constancia en sus trabajos publicados en los “Ainales des Mines”, de París, y en su obra “Tratado de Ensayes”, publicada en 1844 y de la cual se hicieron nuevas ediciones en 1858, 1873 y 1898.

Mineralogista

Si la obra de Domeyko como químico causa admiración, su obra como mineralogista fue aún más notable, pues este sabio figura entre los iniciadores de esta ciencia.

Estudió, analizó y clasificó un gran número de especies nuevas de minerales de cobre, plata, arsénico, antimonio, mercurio, bismuto, yodo, etc. En los estudios de Química y Mineralogía fue él primero en Chile. La Mineralogía estaba sólo en sus principios, y fuera del Ensayo del Abate Molina, se habían hecho muy pocas investigaciones.

En 1840 presentó a la Academia de Ciencias de París la descripción de la Arquerita, una amalgama nueva, y desde entonces no pasa un año sin que haga alguna publicación sobre minerales nuevos de Chile, Bolivia, Argentina y Perú.

El sabio Domeyko es también notable como Geólogo, y también aquí es un precursor. Cuando él salió de Europa comenzaba el desarrollo de la Geología moderna, a pesar de que todavía se presentaban discusiones entre «volcanistas» y «neptunistas», quiénes atribuían respectivamente los fenómenos geológicos al volcanismo o a la acción del mar.

Aunque ya había comenzado la observación atenta de la naturaleza, prescindiendo de las especulaciones sin base, los métodos científicos estudiados por Domeyko en su juventud eran deficientes.

Por otra parte las comunicaciones imperfectas con Europa no facilitaban el intercambio de ideas con los geÓlogos del Viejo Mundo. A pesar de estas circunstancias Domeyko realizó una obra sobresaliente, la que se debe a sus extraordinarias cualidades y a la firme base adquirida con la Química, que era la madre de la Mineralogía de entonces.

Antes de este eminente sabio, sólo el gran Darwin había escrito sobre la Geología de Chile. Domeyko casi inmediatamente que llega al país inicia sus publicaciones en los “Annales des Mines”, comenzando con un estudio sobre la Geología del Valle de Elqui.

En otro viaje hecho a las minas de Huasco y Copiapó describe ligeramente la geología general y la estratigrafía, abundando en las características y detalles mineralógicos de las minas.

En otra excursión llega a Coquimbo, pasando por Punitaqui e Illapel, para terminar visitando las minas de San Pedro Nolasco, en la región de El Volcán del Cajón del Maipo.

En 1846 emprende un viaje transversal por el país, en la latitud de Concepción, llegando hasta el volcán Antuco, que asciende estando en plena actividad. Describe el terreno terciario de la costa con sus yacimientos de carbón, y visita el Salto del Laja. Dos o tres años más tarde explora el nuevo volcán que se había abierto en la Cordillera de Talca, entre los cerros Descabezado y Azul. Sin temor trepa la corriente de lava todavía en movimiento lento, hasta que las exhalaciones de azufre lo obligan a regresar.

En su descripción de esta osada aventura señala que “el aire se sentía a cada paso peor e irrespirable; el viento no penetraba en la quebrada, y de trecho en trecho salía de algunas aberturas entre las piedras el aire cargado de ácido sulfuroso tan ardiente que convertía en un momento en carbón el papel metido adentro”.

A lo anterior Domeyko agrega que “el calor se hacía inaguantable, atizado por los rayos casi verticales del sol. Ya eran como las tres de la tarde cuando empezamos a descender y en toda la bajada experimentamos mayores penas y trabajos que en el ascenso. El menor descuido al poner el pie nos exponía a deslizar sobre piedras y caer en respiraderos llenos de aire fétido, que me parecía una mezcla de ácido sulfuroso y de ácido murlátíco”.

En la misma línea, ex explorador continúa “las fuerzas se debilitaban a cada momento más, la sed nos abrazaba, y muy luego me separé del hombre que me acompañaba, el cual se apresuró a adelantarse y fue más feliz que yo, acertando con la bajada hacia el estero, en cuya orilla pudo reponer sus fuerzas”.

El relato continúa cuando Domeyko señala que “más de cuatro horas anduve todavía, errando en medio de aquellos riscos, y a duras penas logré llegar a la citada laguna, cuando las sombras de la noche ya se habían apoderado del valle y sólo en las nevadas cimas de los montes doraba el último rayo del ocaso”.

Finalmente señala que “sólo he podido por la limitación del tiempo, bosquejar a grandes rasgos, e imperfectamente, la obra del eminente sabio que puso generosamente toda su ciencia y energía sobrehumana al servicio de su patria adoptiva”.

La obra de Domeyko ha tenido importancia transcendental en el progreso científico y técnico de nuestra nación en el siglo pasado.

Las investigaciones científicas realizadas por él, debido a su calidad, magnitud e importancia, causan la admiración de los investigadores modernos. Fueron emprendidas en los albores de la República, dejando así huella profunda, y ejerciendo perdurable influencia en el desarrollo del país.

Texto con información de:

Leighton, Tomas. “Don Ignacio Domeyko, como químico, mineralogista, geólogo e impulsor de la minería” Anales de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas [En línea], Volumen 1 Número 1 (27 julio 2015)